22 ene. 2018

Corazón de piedra II

No sé si el tiempo se ha detenido porque todo pasa demasiado lento. Siento que mi fin está cerca pero no hablo del físico, hablo de mi interior, siento que ese muro que hay delante de mí es un muro que poco a poco he ido construyendo sin darme cuenta y ahora no sé como salir de él. No tengo ninguna herramienta que me permita derribarlo y por más que pido ayuda parece que nadie me escucha o que mi voz no se oye. ¿De verdad es tan difícil darse cuenta de que necesito ayuda? ¿Es que nadie logra ver ese muro que hay a mi alrededor?


Un momento... Parece que escucho algunas voces que se están acercando, pero, ¿de dónde vienen? No veo a nadie. ¿Me estaré volviendo loca? Me pongo de pie localizando a alguien en esa plaza pero es que nadie mira hacia mí, nadie sabe que estoy ahí. Esa voz... Es conocida, muy conocida, de mujer.¿Mamá? ¿Abuela? Nadie responde. Seguidamente escucho otra voz masculina, la reconozco rápidamente y sonrío, hacía tiempo que no sonreía. Es mi padre, seguro. Quizá ellos puedan ayudarme a salir de ahí.

Escucho un fuerte ruido que me hace taparme a mí misma con mis brazos. Alguien está dando golpes en mi muro, están intentando derribarlo pero parece que no lo consiguen. Otro golpe, otro, otro... Desisto ante la ilusión de salir de ahí y vuelvo a tirarme en el suelo. Esos golpes cesan, las voces se alejan y aunque sé que ese intento me ha ayudado más de lo que pueda parecer, me acurruco abrazándome a mí misma esperando a que alguien pueda oírme de nuevo.


18 ene. 2018

Corazón de piedra


Parecía que poco a poco las aguas volvían a su cauce, que podía pasear sin problemas por las calles de mi ciudad con una sonrisa amplia en el rostro, parecía incluso que ese día estaba soleado aunque ni si quiera supiese qué clima hacía, parecía que esa noche había dormido más de dos horas seguidas, parecía que me había encontrado pero de repente me di de bruces contra un muro invisible. Un muro que no sabía de donde había aparecido, un muro que era inapreciable a la vista aunque sí al tacto, pero no era un muro recto y espacioso, era un muro que me rodeaba, un muro que estaba a la distancia de mis brazos en posición recta por todo mi alrededor. ¿Qué estaba pasando?


Estaba en mitad de una plaza, quizá la plaza aquella en la que el primer día me di cuenta de todo lo que yo sentía. Había personas que pasaban por allí, no las mismas que la otra vez pero podía perfectamente imaginar sus vidas. Un momento, ¿ellos podían imaginar la mía? ¿acaso me veían a mí? Era inútil. Por más que empujara aquel muro e intentara quitarlo de alguna forma aquello era totalmente irrompible. Intenté, pues, gritar, lo mismo alguien entendía mi sufrimiento y se apiadaba de mí pero tampoco obtuve respuesta.

Me dejé caer apoyada a ese muro hasta llegar al suelo, necesitaba pensar, ordenar mis ideas y a lo mejor podía llegar a algún tipo de conclusión que me ayudara salir de mi agujero. Quizá ese era el problema, que por más que intentara buscar no había nada dentro de mí que me dejara avanzar a la siguiente fase. Quizá el problema era ese, ¿cómo buscar donde no hay nada? Era algo imposible. Mi única opción era esperar a que ese muro que había construido sin querer algún día se cayera y dejara salir lo que yo siempre había sido.


[...] Cuando te dije que tenía el corazón de piedra, yo no sabía que tenías tú tanta fuerza...
(Kase.O)

15 ene. 2018

Paso a paso


Estos días han sido como una montaña rusa. Había momentos de subida, momentos de bajada en picado y momentos de piruetas, volteretas y volver todo al revés. He tenido momentos de pensar demasiado, de pensar poco o incluso de autoconvencerme de ciertas cosas pero hay algo que me caracteriza y es mi forma de ver las cosas. Nunca sé ver lo positivo, nunca sé ver la vida de colores y siempre prefiero ir con la negatividad por delante para no darme con un muro en las narices. ¿Es bueno ser negativo? Pues no lo sé, yo prefiero vivir con la realidad que hacerme ilusiones ficticias.

Me he sentido vacía, incompleta, sin ganas de seguir adelante, con mis sueños hecho añicos y escondiendo la ilusión por vivir en un cajón bajo llave. No he creído en mí, he sacado lo peor, he visto que no era capaz de levantarme, que solo quería seguir hundiéndome, que no tenía motivos aparentes para abrir los ojos y luchar. Todo estaba demasiado oscuro pero resulta que esto son rachas, rachas que van y vienen y en tu poder está el seguir adelante o frenarte ante ello. Yo me he frenado y no he querido seguir pero creo que no es la solución, creo que tengo que renacer como dije hace unos días. He tenido que caer en el subsuelo de mi negatividad para volver.

Y ahora tengo que reconstruirme, tengo que buscar pequeñas piezas que han ido cayendo estos días por todas partes para volver a ser quien yo era, para volver a quererme como siempre he presumido de hacerlo, para gritar a los cuatro vientos que valgo para algo. Es posible que ya haya recogido alguna pieza del rompecabezas que ahora mismo soy, me he vaciado tanto que ahora tengo que llenarme. Por ello tengo que ir con pies de plomo, siendo realista y viviendo el día a día, no puedo volver a ilusionarme y volver a perder lo que había conseguido. Sé que será duro, que es un camino muy largo pero algún día ese puzzle se habrá terminado y Cristina habrá vuelto, mientras tanto habrá que tener paciencia y saber que tal y como subo puedo volver a caer y necesitaré muchas tiritas o incluso una escalera de hierro para alcanzar esa cima que es mi meta.


8 ene. 2018

Ojos tristes


Iba camino a casa con mis auriculares puestos como de costumbre cuando voy sola. Además ese día no hacía mucho frío, así que llevaba el chaquetón en el brazo colgado, incluso el pañuelo que suelo llevar siempre en el cuello lo había guardado en mi mochila. Era otro día más en mi vida. El destino no lo recuerdo solo sé que me paré en el escaparate de una tienda, era una de esas que es difícil encontrar ropa para alguien como yo pero me estaba fijando en unos botines bastante monos aunque no para mí, demasiado altos.

Seguí rodeando el escaparate hasta que vi un reflejo delante de mí. Lo observé detenidamente y no lo reconocía, bueno, físicamente quizá sí, era el reflejo de una chica pelirroja y pelo rizado. Unos ojos marrones oscuros como el café pero un brillo de tristeza en ellos. También vi unas ojeras muy marcadas, quizá los labios era lo que más igual estaba a tiempos atrás. Seguí mirando ese reflejo y vi que esa ropa que llevaba me quedaba holgada cuando días antes me quedaba perfecta. No me reconocía. Hacía días que había olvidado quien soy.


Volví a fijarme en esos ojos tristes y no vi mucho más. No era capaz de atravesarme a mí misma o quizá lo había hecho pero no había nada. Solo se me ocurrían preguntas que hacerme y no sabía responder: ¿Quien soy? ¿Qué hago en el mundo? ¿Acaso sirvo para algo? ¿Soy capaz de afrontar la vida como una persona cualquiera? ¿Tengo algún motivo que me haga darme la vuelta y seguir andando? ¿Valgo la pena? ¿Soy buena persona? ¿Soy buena hija? ¿Soy buena amiga? ¿Soy buena hermana? ¿Soy buena novia? Solo sé que aquellas preguntas no tenían respuestas, o al menos yo no era capaz de encontrarlas, ya que no había nada afirmativo. En ese momento una lágrima se precipitó al vacío, la vi caer lentamente hasta que se perdió en mi comisura de los labios y hallé una sola respuesta: me sentía más vacía que nunca.

5 ene. 2018

Vacía por dentro

Estoy sentada en mitad de una plaza enorme. A mi alrededor hay unos edificios bastante altos, miro hacia ellos y puedo pensar o imaginar cómo será la vida de cada una de las personas que vive allí, quizá hay un médico casado con una profesora y tienen dos hijos pequeños que son muy traviesos o lo mismo hay una pareja de ancianos que pasan sus tardes viendo la televisión mientras disfrutan orgullosos de la familia que han tenido. También puede haber algún estudiante compartiendo piso con otras personas o lo mismo hay una casa vacía esperando a ser ocupada por una historia nueva. No pienso nada negativo de esas personas, al contrario, es todo positivo.


Si bajo la mirada sigo viendo más personas y ahora puedo imaginar hacia donde van o de donde vienen. Aquel muchacho tan apresurado y con un traje caro seguramente vaya corriendo a trabajar o a lo mejor a una reunión, quizá incluso su mujer está dando a luz y va corriendo hacia el hospital, ¿quién sabe? Giro la cabeza y veo a una mujer agarrada del brazo de otra mujer anciana, de repente me vienen recuerdos a la mente pero los disipo rápidamente y empiezo a pensar. Esa tarde estaban aburridas en casa y han decidido ir a dar una vuelta y de paso hacer algunas compras, puede ser perfectamente.


Decido sacar mi MP3 de mi bolso y comienzo a escuchar música, en realidad la canción es lo de menos pero me hace seguir pensando y entonces mis castaños ojos se frenan ante un par de niños, podrán tener unos 8 ó 9 años, están jugando entre ellos, corren por aquí y por allá, se frenan, se ríen, vuelven a correr. Se acercan a una mujer que hay sentada en un banco, les da un poco de agua en un botellín y vuelven a correr. Aquella imagen se queda grabada en mi cabeza, ¡qué bonito era ser un niño donde no había preocupaciones!

Y mi turismo visual se acaba ahí. Agacho la mirada y miro hacia mis pies, sigo subiendo hasta mis piernas y bueno, hasta donde mis ojos me dejan ver. ¿Y qué veo? Ni yo misma lo sé. Supongo que veo a una persona sentada en un banco completamente sola, pero el tema no es que esté sola físicamente es lo que siente, es como ella en ese momento cree estar y quizá la palabra correcta sería: vacía. Vacía de ilusiones, vacía de ganas de vivir, vacía de objetivos en la vida, vacía de felicidad, vacía en cualquier tema del que ella pudiera o quisiera hablar. Y quisiera salir de ahí, buscar una forma de que todo volviera a la normalidad pero ese estado es mucho más fuerte de lo que ella pensaba. Sabe que eso que siente es algo difícil de solucionar, que tarde o temprano cambiará pero ¿cuándo? ¿Acaso se sabe con exactitud cuando una persona pasa de alegre a triste? ¿O acaso sabemos que va a ocurrir mañana? Todo fluye y todo va como tiene que ir. Ella solo espera algún día volver a sonreír como lo hacia tiempo atrás, volver a tener ganas de levantarse por las mañanas y de querer hacer algo más que sentarse en un banco a esperar e imaginar. Nunca antes se había sentido de esa forma, siempre tuvo sus más y sus menos pero siempre pensó que eran días tontos, como se suele decir, que eran días que por ningún motivo en particular le hacía estar triste. Ahora todo era muy diferente. No había nada que pudiera sacarla de ese gran agujero negro en el que por más que intentara subir a flote no conseguía encontrar el punto de apoyo que la ayudara a salir a la superficie y volver a vivir. No había nada salvo ella, ella era la única que tenía el poder para algún día cambiar todo lo que sentía, algo tendría que encontrar que la ayudara a llenar ese vacío que tenía dentro. Suponía que todo era cuestión de tiempo pero no sabía cuánto.


Esta es, quizá, la imagen más real que saco mientras estoy sentada en el banco. El resto eran meras historias que me inventé con el fin de paliar algo lo que sentía pero no hubo ningún efecto positivo. Así que tras comprobar que mi vida seguía igual, recogí mi bolso, me prendí un cigarro y me fui calle abajo mientras seguía imaginando la vida de las personas con las que me cruzaba. Algún día una de mis historias imaginadas sería la mía propia, o eso espero.

2 ene. 2018

Solo sé hacer café para dos

Ya no sé hacer nada. Siempre preparo café para dos. Si decido hacerme de comer, siempre me sobra un plato para el día siguiente. Si decido poner una lavadora, no está lo suficientemente llena como para ponerle en funcionamiento. Cuando me acuesto es difícil cerrar los ojos y dormir, pues, siento un frío que no había sentido en años, ni cuando aquel año estuve en aquel sintió donde no subíamos de los 2º. A veces me siento en el sofá y miro donde te sentabas tú, suena a locura pero siempre imagino que en cuestión de minutos vas a aparecer por la puerta porque habías salido o en ese momento estabas en otra habitación de la casa.


Y es que si salgo a la calle es la misma historia. Siempre hago todo para dos, no sé calcular nada para mí sola ni vivir de forma individual. Me he acostumbrado a una estabilidad junto a ti que en los momentos que no estoy contigo siento que me he vuelto coja, que me falta un miembro de mi cuerpo aunque a veces tengo la sensación que no es física la falta que tengo. Soy yo misma la que no está completa.

Esta mañana me levanté de nuevo y volví a hacer café para dos.



9 oct. 2017

Querida abuela


¡Hola!

¿Qué tal? ¿Cómo te va todo? Hace tiempo que no hablamos, ¿verdad? Creo que hace mucho tiempo que no te cuento un poco como me va la vida, ¿qué te parece si te hago un resumen de estos 12 años?

Bueno, mi vida ha cambiado muchísimo, aunque supongo que tú algo sabrás... Terminé la secundaria con buenas notas porque, ¿te acuerdas que nunca se me dieron bien las matemáticas? Pues yo creo que me aprobaron ese curso por pena, sabían que yo iba para letras y no me iba a servir mucho... A veces echo de menos esa época en la que mi única preocupación era estudiar, pero es lo que tiene crecer... Luego me metí en bachiller, en especial en humanidades y fueron dos cursos muy buenos junto a mi amiga Cristina, ¿te acuerdas de ella? No creo, no teníamos tanta amistad...

Después comencé la universidad pero creo que fue uno de mis mayores errores, nunca me sentí motivada y llegó un momento en el que la ansiedad me pudo y decidí cambiar de camino, aunque ahora no sé qué camino es el que quiero... A veces me encantaría pedirte consejo pero lo veo tan difícil...

Quizá una de las cosas que más me hubiera encantado contarte en persona es que conocí al amor de mi vida hace unos 7 años... Se llama Chema y es de Asturias, sí, de Asturias, ahí donde me ves no pude encontrar el amor más cerca pero que le vamos a hacer... Es un chico ejemplar, es buena persona, simpático, gracioso, me cuida demasiado bien y me tiene muy mimada. Ahora mismo no me imagino como sería mi vida con él pero qué te voy a decir a ti... Tú conociste el amor verdadero durante muchos años, ¿verdad?

Por aquí todo sigue más o menos igual, papá sigue trabajando, mamá igual y creo que también te echan de menos. Mi hermano ahora trabaja en un restaurante aunque estuvo unos años en Londres, vino bilingüe el niño, ¿sabes? Sé que hubieras llorado mucho si nos hubieras acompañado al aeropuerto cuando se fue, yo lo eché mucho de menos, pero no se lo digas, ¿vale?

¡Ah! ¡Oye! ¿Sabes que en 2015 se cumplió mi sueño? Sí, publiqué mi primera novela. Mi primera novela fue vendida en una editorial y muchísima gente lo compró, sé que fue el primero y que tampoco era nada del otro mundo pero no sabes lo bien que me sentí aquel día, ojalá lo hubieras visto...

No me he sentido nunca sola estando contigo pero hay fechas en las que me hubiera encantado que ocuparas una silla en nuestra mesa, sí, me refiero a las navidades... Lo pasábamos bien, ¿verdad? Cantando villancicos, haciendo tonterías, simplemente viéndote reír ya merecía la pena haber vivido... También echo de menos recibir un abrazo tuyo en mi cumpleaños pero lo siento muy en la distancia.
En fin... Yo ya no vivo en Málaga, me paso más meses en Asturias con mi novio buscándonos la vida para intentar formar una familia casi tan bonita como la que formaste tú pero... cada vez que vuelvo a la casa sigo esperando encontrar tu sonrisa en aquel sillón, sigo esperando encontrarme un vaso de tila frío junto a ti o ver que está puesto en la tele el programa que tú solías ver... Sigo sin hacerme a la idea de que no estás, siempre pienso que algún día volverás, de locos, ¿verdad? Pues no, siempre fui muy sincera con mis sentimientos y siempre tuve muy claro que tú junto a mi madre eráis las mujeres de mi vida y siempre será así hasta que la memoria me lo permita. Creo que más o menos te he hecho un buen resumen de mi vida y supongo que te sentirás algo orgullosa de mí, ¿verdad?

Parecerá de locos escribirle una carta a alguien que no va a leerla pero...

"[...] estoy loco yo o los locos son los demás". (Albert Einstein)


Te quiero abuela, hoy y siempre.



29 may. 2017

[#6] Vamos a leer. Reseña sigue mi juego



¡¡¡Bienvenidos a "Vamos a leer"!!!





Hace tiempo me registré en la web Edición Anticipada y me ofrecieron leer este libro, he tardado lo suyo en hacerlo porque para mi opinión no es una de las novelas que yo hubiera elegido, aunque mejor dicho, no hubiera terminado. Así que aquí os muestro la reseña:

 Título: Sigue mi juego

 Autor: J. Kenner

 Editorial: Grijalbo

 Año de lanzamiento: 2015

 Sinopsis:
«Nunca habría maginado que se pudiera superar nuestra luna de miel, pero mi vida como esposa de Stark es incluso mejor que cualquier fantasía. Siempre nos unirá el amor y el deseo. Sus caricias son mi tesoro más valioso; y son solo para mí.

Sin embargo, los fantasmas del pasado siguen persiguiéndonos. No podemos dejar atrás nuestros secretos ni evitar a esas personas que quieren separarnos; no estamos a salvo ni siquiera el día de San Valentín.

Haré todo lo que esté a mi alcance para proteger a Damien, para darle todo lo que necesite. Su beso es mi devoción; su pasión, mi verdadero éxtasis. Las vicisitudes a las que nos enfrentamos ahora las combatimos juntos y nada, jamás, nos separará.»

 Opinión personal: Una pérdida de tiempo. Cabe mencionar que la pareja protagonista de este libro aparecen en otras sagas más y, a lo mejor, si hubiera leído todos los libros me hubiera interesado más por la historia o quizá hubiera sido más entretenida. He leído muchos libros sobre literatura erótica pero había un argumento, aquí, sin embargo, parece que todo gira entorno al sexo y me ha parecido aburrido. La trama no engancha tanto a pesar de que tiene cierta intriga y quizá eso es lo que podría salvar el relato, que no es todo tan perfecto e idílico, ya que dentro de una trama amorosa siempre hay conflictos.

Como bien pone en la sinopsis, nos cuenta la historia de una pareja (Nikki y Damien) que vuelve de la luna de miel y pronto se acerca San Valentín. Nikki está enamoradísima de él y cada vez que lo ve haciendo lo que sea solo piensa en acostarse con él. No encuentro que su personalidad destaque o te identifique con alguna de sus situaciones. El personaje de Damien es el típico chico que es rico, que está muy bien físicamente y que todas las chicas suspiran por él, además de ser un hacha en la cama. ¿Os suena?

Resumen: sexo, sexo y más sexo. Está bien leer escenas interesantes, divertidas, diferentes... Pero no es necesario explicar un polvo cada dos páginas, demasiado repetitivo. Además, no entiendo la afición que tienen algunos escritores con solucionar los problemas de la vida cotidiana en la cama. ¿Dónde está el diálogo y la comprensión? 

Según he investigado por ahí, este relato no está dentro de las diferentes sagas y ha sido un añadido. ¿Por qué? Pues hay veces que los autores pretenden estirar las historias ya creadas porque a lo mejor esos personajes han tenido tirón. Esa es la única reflexión que saco.

 Puntuación personal: 

 ¿Lo recomiendo? ¿Lo volvería a leer?: No, rotundamente no.



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