5 oct. 2010

I

Abrió los ojos en la oscuridad de la noche, no quiso saber la hora, pues, para ella el tiempo en ese momento era lo de menos, los segundos pasaban como minutos, los minutos como horas, las horas como días, los días como semanas...

Tumbada boca arriba, giró su cabeza hacia su izquierda y solo había silencio. No estaba esa silueta ruidosa durmiendo con la que había dormido días atrás, tampoco había sábana ni edredón de sobra para quitar, ni un brazo le rodeaba el cuerpo mientras dormía y soñaba con él. No había más que silencio y ella. Alexandra siempre había estado acostumbrada a dormir sin ruidos y con silencio, pero desde hacía un tiempo eso le molestaba, ella quería ruido y más ruido, quería escuchar el crujir del colchón cuando él se levantaba, quería escuchar el crujir de la puerta cuando la abría o el "tintineo" de una cuchara en un vaso con café al amanecer.

Pero no había nada. Solo silencio.

Cerró los ojos para imaginar que no estaba sola, lágrimas recorrían sus mejillas, cual cascada en un denso bosque, como si fueran a caer al vacío. Se acomodó esperando que ese brazo que tanto anhelaba la rodeara y la protegiera pero nunca llegaba y ahogándose entre lágrimas el cansancio y el sueño se apoderaron de ella mientras susurraba un nombre: Hugo.

2 comentarios:

  1. :O Me da penita por Alexandra pero no puedo evitar que el fragmento me resulte bonito, vamos emotivo. ¿Aparecerá Hugo en el siguiente fragmento? :O Como siempre eres la experta del trío femenino universitario en describir sentimientos amorosos.

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  2. Fíjate tu... ami el Hugo ese no me termina de caer bien... tanto que hace sufrir a la pobre alexandra... ¡Hugo Cabrón!

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