6 oct. 2010

II

Una llamada telefónica a eso de las 16:00 de la tarde, ella acababa de llegar de la facultad.

-Hola, pequeña.
-¡¡Gordo!! ¿Qué tal?
-Bueno... se supone que tenía que ir al médico pero se equivocaron al apuntar mi cita, así que tengo que ir otro día.
-Vaya... bueno, al menos tienes otra cita. Estos funcionarios de hoy en día...
-¿Y tú que tal el día, golda?
-Bueno... algo agobiada, exámenes, lecturas, trabajos... Pero intento llevarlo positivamente.
-Va, Alexandra, que acabas de empezar no puedes agobiarte tan pronto, ¿no?
-Creéme, Hugo, tengo motivos para agobiarme, pero bueno...
-Habra que comprar litros y litros de tila tanto para ti, como para mí, a este paso.
Alexandra rompió a reír como cuando él le decía alguna que otra broma estando juntos, ella no pudo evitar recordar momentos de risa a su lado y se le escaparon lágrimas. Además, Hugo, que la conocía ya desde hacía ocho meses notaba en su voz si le pasaba algo.
-Te echo de menos...
Un silencio se apodera de la conversación y Hugo lo rompe.
-Nena, ¿qué pasa?
-Lo que te he dicho. Te necesito aquí.
Alexandra llora en silencio mientras oye la respiración acelerada de Hugo.
-Pequeña, sabes que pronto nos vamos a ver, que te comeré a besos y que te besaré como nunca, así que no hay que preocuparse, ¿vale? Que te pones mu fea cuando lloras...

[...]

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