16 nov. 2010

Cuestión de asimilación —otra vez—

Después de una noche realmente extraña, rara, agria y dulce a la vez esta mañana decidí tomármela libre, sé que no debería, que tengo cosas que hacer y que tengo mis obligaciones pero me lo he permitido y a quien no le guste que mire para otra parte. Esta mañana amaneció el día soleado y con frío, se nota que el invierno está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, para mí no es que haga un sol espléndido, es un día más de esta semana interminable e incomestible, esta semana que se te hace muy cuesta arriba y no sabes como llegarás a terminarla.

Sé que no debo quejarme, como comenté ayer y que yo era consciente de todo ello cuando decidí asistir a este precioso y maravilloso congreso, sin embargo, no es el congreso lo que me jode, no es el estar todo el puñetero día allí metida, no es el tener que escuchar conferencia tras conferencia... No es nada de ello, es el hecho de que todo ello conlleva a llegar cansada a casa sin ganas de aguantar a nadie, sin ganas de aguantar que alguien esté peor o mejor que yo, sin ganas de que me vengan con tonterías a calentarme la olla, sin ganas de que te pregunten por todo. Solo quiero tranquilidad, quiero relajación, quiero estar durante un par de horas en mi mundo y con quien yo quiera en él sin que gente ajena a mi mundo pueda estorbar o molestar.

Quiero llegar a casa y cambiar de mundo, quiero irme a un mundo solo para ti y para mi, quiero ir a ese mundo donde reímos hasta que uno de los dos cae rendido por el cansancio propio, o hasta que te "enfadas" porque no me quiero ir a dormir ya que madrugo al día siguiente; quiero estar contigo hasta que las estrellas decidan que es hora de dormir y nos obliguen a nosotros a hacerlo; quiero conversaciones contigo con risas, con tonterías y con momentos en los que nos quedamos sin hablar pero estamos ahí. No quiero llegar cansada y soltarte cuatro borderías que tú tengas que aguantar sin tener culpa alguna mientras yo me quedo más pancha que ancha.

Quizá lo que más se me hizo ayer jodido fue que de hablar contigo 3 veces en toda la tarde momentos de 10 minutos como mucho, cuando llegué a casa fue cuando más te necesité pero no estabas, y tuve que tragarme todo lo que me pasó —que fueron tonterías pero en ese momento me afectaron—. Sin embargo, pensé que una conversación contigo quitaría todas mis penas, pero solo pude abrir el grifo cuando me llamaste, pues, no me sentía bien ni estaba agusto en ese momento. Hubiera dado lo que fuera porque en ese momento no me hablaras, no me dijeras ni una puñetera palabra y que todo eso estuviera transformado a un abrazo tuyo como aquel día que me enteré que suspendí y me abrazaste fuerte como diciendo: "No te preocupes, mi niña, mientras yo esté contigo nada saldrá mal". Me sentí protegida y cuidada en ese momento como una niña recien nacida que no sabe nada del mundo.

Espero que la noche de hoy no sea tan desagradable como la de ayer aunque se pinta igual o peor, así que, creo que tendré que echar paciencia o tendré que autoconvencerme que no es para tanto esta situación que sin embargo me oprime y me hunde cada noche cuando llego a casa y veo que es un día perdido sin haberlo aprovechado contigo.

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