11 mar. 2011

VI

—Tengo hambre...

—Coge algo del mueble... —Le dijo Hugo mientras hacía la cama.

—Pero me apetece algo tipo una napolitana de jamón y queso o algo así... —Alexandra la miró con ojitos de corderito. Él por su parte rió y se le ocurrió una idea.

—Entonces, bajemos... Eso sí, ya que bajamos. Quiero hacerte una sorpresa.

Ella levantó la vista y lo miró con incredulidad y confusión, habían quedado en ir a la mañana siguiente. Al final, acabaron vistiéndose y bajaron a la calle.

—Eso sí, antes de ir "al lugar", tenemos que entrar al chino... —Ella asintió sin saber qué iban a hacer rato después.

Tras comprar lo que fuera en el chino, Alexandra esperó fuera. Luego, fueron a comprar la comida y por último cogieron el coche.

—¿El coche? ¿Para qué? ¿Dónde vamos?

—Cuando lleguemos, lo verás... —Dijo Hugo mientras se sentaba en el coche. —Eso sí, cierra los ojos, eh... Confío en ti.

—Sí, sí... pero, ¿dónde vamos? ¿vamos a Parque Principado? —Respondió Alexandra mientras se sentaba y cerraba los ojos.

—Ya lo verás, es una sorpresa.

Condujeron durante un rato hasta que aparcaron, ella seguía con los ojos cerrados y en su cabeza un mar de dudas y sobre todo mucha curiosidad por saber a donde la había llevado esa última noche en esa tierra de lluvias y frío.

—Bien... Ya puedes abrir los ojos.

Alexandra abrió los ojos y en la oscuridad de la noche solo pudo ver una acera con un muro que daba al mar, a la costa Cantábrica, lugar en el que habían estado meses atrás visitando. Ella se quedó sin saber que decir, pues, no sabía que iban a hacer allí. Entonces él sacó algo del bolsillo y se lo puso en la mano. Ella miró hacia sus manos y vio dos candados, así pues, lo entendió todo. Levantó la mirada y lo miró.

—¿En serio? No me lo puedo creer... —Dijo sonriendo.
—¿Te gusta? Imagino que la sorpresa te gustaría, como dijimos la otra vez que estuvimos aquí...
—¿Qué si me gusta? ¿Eres tonto? Me encanta... —Le agarró la cara y lo besó. —Gracias...

Antes de salir del coche, escribieron sus iniciales en los candados y salieron camino a aquel mirador. Era una noche cerrada, pues, hacía bastante viento, una leve llovizna y solo se escuchaba el romper de las olas contra las rocas. Una vez habían llegado al destino, colocaron los candados en la barandilla donde había mas parejas y tiraron las llaves al mar, así nadie jamás podrá quitar y romper ese candado que es la unión de esa pareja.

Con un gesto tan simple como poner un candado, señalaron que ese amor es infinito y para siempre, pues, sin llaves, nadie podrá abrir eso. Se podrá romper, pero eso es trampa, no es un abrir de uno de los dos, todo será ajeno a ellos.

Así pues, los dos felices marcharon en el coche hacia la casa felices por haber señalado de otra forma más el amor que sentían el uno por el otro.

2 comentarios:

  1. :$ Me alegro de que te gustara.

    Mi idea era haberlo hecho de algún otro modo... de día, con un clima mejor... alguna sorpresita mas... nose... algo...

    Pero tanto el dinero como el tiempo (tanto meterológico como físico digamos) no lo hicieron posible, pero yo tenía muy claro que no quería que te volvieras para Málaga sin tener ese pequeño detalle mío...

    Espero que te gustara en serio... nose, me apetecía... tenía muchas ganas de hacerlo... y que fuera juntos... y creo que dí en el clavo.

    Espero poder compartir muchos momentos así contigo... ya sea aquí, ahí, sorpresas... cenas... fiestas... lo que sea, pero SIEMPRE a tu lado principa.

    Gracias por todo este tiempo juntos... te amooooooo!!!

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  2. jo, qué bonito todo...
    Hola, vengo a joderlo! xDD

    qué detalle tan cuco eso de los candados...arf.. ¿a quién no le gustan las sorpresas d ese tipo?
    m alegro d q t vaya bien cn tu xico..q eso siga asi *-*!

    te sigo, ti ;D gracias x pasarte

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