7 dic. 2012

¡Felicidades, mamá!

Hoy es el cumpleaños de alguien especial. Sí, alguien que daría su vida sin pensárselo dos segundos por ti y sin embargo, no siempre le agradecemos lo que hacen por nosotros, al menos yo, me pongo de ejemplo totalmente.

Hoy hace muchos años que nació una persona llamada Mercedes, con el paso de los años se casó con quien hoy es mi padre, Pedro y juntos formaron lo que es mi familia junto a mi hermano Pedro y yo.

Hoy quiero agradecerte todo lo que has hecho en estos 22 años por mí. Y es que has hecho más que cualquier madre podría hacer por sus hijos, al menos, para mí. A pesar de que seamos tan diferentes pero tan iguales en en el fondo y haya veces que nos matemos a gritos sé que en el fondo yo no podría vivir sin ti y tú sin mí. Aunque te haya decepcionado en muchos aspectos a lo largo de mi vida, aunque no haya sido una chica ejemplar de la que puedas presumir, yo hoy por hoy creo que sí puedo presumir y en mayúsculas de la madre que me tocó. La madre que me tocó me ayudó siempre, me quiso como era a pesar de mi bordería y supo estar ahí para ayudarme cuando más la necesité.

Hoy quiero pedirte que aunque a veces seas algo "insoportable" cuando estás cansada, no quiero que cambies nunca, quiero que sigas siendo como eres y que sigas riéndote cuando lo hago yo también y acabemos peleándonos entre nosotras para ver quien se calla antes.

Hoy quiero decirte agradecerte todo lo que has hecho por mí en estos tres últimos años para que mi felicidad fuera mejor y cerca de la persona que yo elegí para mi vida. Quizá al principio no fue bien recibida la noticia pero con el tiempo creo que era muy obvio que esto iba para adelante, pero claro está que sin tu ayuda esto no se podría haber construido. Por eso te lo digo en mayúsculas: GRACIAS por no hacer que me ahogara cuando veía que esta relación no iba a buen puerto.

Hoy quiero proponerte que sonrías, al menos por hoy, que dejemos los malos pensamientos y lo dura que es la vida, que todo va y viene y que todo al final acaba teniendo solución. Es por ello que te pido que hoy sea uno de los días más felices de tu vida aunque haya gente que falta a tu lado ya sea porque está en otro país o porque se fueron hace años.

Hoy quiero decirte que te quiero y que todo lo que he conseguido ha sido gracias a ti y seguramente que mi abuela, allá donde esté, se siente muy orgullosa de la hija que ha tenido y de lo buena que eres y seguirás siendo siempre.

¡¡MUCHAS FELICIDADES!!

30 may. 2012

Un árbol, un hijo y un libro

Dicen que en la vida has de hacer tres cosas antes de morir: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Bien, la primera cosa yo ya la tengo hecha, de estas veces que vas de excursión con tu colegio a un montecito de la serranía de Málaga porque eres ALA (Agente medio ambiental o algo así, tengo el título por ahí de la semana que pasé en los Montes de Málaga instruyéndome como tal) y te dicen que hay que plantar árboles para repoblar Málaga. Bien, primer objetivo conseguido.

Lo segundo, obviamente, no lo he hecho, creo que de momento es demasiado complicado a la par que apresurado pensar en tener un hijo... ¿Estamos locos? Esperemos a que este país dé una tregua en unos años y ya nos replanteamos el segundo objetivo, queda pendiente.

El tercero, el tercero es algo que yo siempre he querido hacer. De hecho recuerdo las clases de religión en primero o segundo de ESO mientras cogía trocitos pequeños de hoja y escribía tonterías, al principio es eso, tonterías, cuando pasa el tiempo y lo lees piensas: "Podría modificar esto, y añadir esto otro, quitar esta frase y voilà!". El tiempo va pasando y ya pasas de mini textos de cinco o seis líneas a textos de una hoja o dos, ahí ya piensas que  el don de la escritura está contigo y que solo necesitas un bolígrafo y un papel para ello.

Luego llega el momento en el que alguien necesita una dedicatoria, necesita explicar algo o necesita simple y llanamente que lo mires para revisar si hay faltas, la sintaxis, etc. Y ahí estaba yo, ayudando. Sigue pasando el tiempo y ya te das cuenta de que se te vienen ideas cuando hablas con tus padres, tus amigos, tu pareja o ves la televisión, lees algún artículo en un periódico. Te vienen las ideas para escribir tu propia novela o cuento. Yo me he decantado por la novela, novela... ¿de qué tipo? Bueno, dejémoslo en novela, de momento.

Y entonces es cuando llega el momento de terminar una novela, tu primera novela. Precisamente acabada hace como un año o así, puede ser. Una novela que empecé hará tres años y por fin llegó a su fin, vale, con sus revisiones posteriores pero estuvo acabada. Y un día, así, sin más tu madre te comenta un concurso en una empresa de venta de libros a domicilio (Círculo de Lectores, S.A) y piensas: "¿Y si la envío? No, no... se reirían de mí." "Bueno ¿Y si hay suerte?" Tras mucho pensar, divagar, revisar... llegas a la conclusión de que ya habrá más concursos para presentar una novela, pero entonces justo el día antes de que acabara el plazo de envío todos los astros se ponen en orden para que te entre la inspiración divina y en cuestión de una hora termines algunos asuntos pendientes con la novela, la imprimas, la encuadernes y prepares todo el paquete para enviar. Obviamente, mi tío en esto ayudó un poco, es lo que tiene, tener a alguien que trabaje en CORREOS (Hay que tener enchufe en todos los sitios, la verdad...).


Y eso es todo. Novela enviada a un concurso, la resolución no será hasta diciembre y mientras tanto me comeré las uñas soñando con que en un año mi libro se esté vendiendo en papelerías y librerías. Soñar es gratis, ¿no?


Buenas noches ♥

27 may. 2012

Generación maternal

Crecer hacia atrás, ¿cómo es posible?

Ella era una mujer con iniciativa, con ganas de hacer cosas, no le gustaba estar quieta. Ella siempre anteponía lo que necesitaran los demás a lo que ella quisiera, siempre pensó que ella era feliz si la gente importante para ella también lo era. Ella siempre sonreía, siempre tenía una sonrisa de oreja a oreja difícil de borrar, muy difícil. Ella siempre defendía a los pequeños, a los suyos, e intentaba quitarle importancia a pequeñas disputas. Ella siempre estaba dispuesta a ayudar cuando alguien necesitaba algo. Ella siempre era bien recibida en cualquier lugar, allá dónde iba dejaba huella y nadie podía tener queja alguna. Ella siempre fue independiente, jamás necesitó de nadie para vivir.

Pero está claro que el destino nunca viene a favor de las personas que realmente merecen un final feliz y especial. Estaba escrito en algún lado que la mujer que siempre lo ha dado todo por y para los demás el día de mañana iba a necesitar a alguien que lo diera todo por y para ella, es decir, el destino quiso que ella se convirtiera en alguien totalmente dependiente de los demás.

Era duro. Era duro ver que ella ya no sonreía simplemente por placer y por gusto. Que ya no salía de ella sus iniciativas, incluso cuando las tenía había que intentar cambiarle de idea sin ser groseros. Ella ya no era la que siempre fue, la mujer risueña y feliz, la mujer que sonreía sin motivo alguno. La mujer que pensaba en los demás antes que en ella, pues, ahora simplemente no sabía pensar o eso al menos pienso yo.

Ella siempre fue algo más que lo que ha sido para mí. Fue la mayor persona que pude conocer, fue una persona que me cuidó desde pequeñita, desde que nací, que siempre estuvo ahí cuando me dieron rabietas de niña pequeña y a quien le contaba las peleas con mi hermano.

Y, cuando, de repente, miras a tu alrededor y ves que todo ha cambiado, el mundo poco a poco empieza a caer encima de ti. Al principio eran momentáneos esos cambios, que simplemente los calificábamos como lapsus, pero conforme iba pasando el tiempo todo empeoró. Ya no eran lapsus, ni situaciones puntuales, ahora todo estaba siendo algo habitual y diario.

En este momento es cuando empieza esa dependencia. Dependencia en la que esa mujer necesita de otras personas para vivir, simple y llanamente, para vivir. Es como si de repente esa mujer estuviera creciendo hacia atrás. Todo lo que un niño pequeño no sabe hacer, esa mujer tampoco sabía, comenzó a olvidar. A olvidar cómo se vivía, a olvidar cómo ser feliz, a olvidar qué era tener una sonrisa en la boca.

Y, sin embargo, ella vivía al margen de todo. Ella seguía viviendo, con sus achaques pero seguía levantándose cada día sin pensar lo que realmente estaba ocurriendo. Desde que comenzó aquello todo cambió en mi familia. Todos vivíamos por y para ella, aunque hay que admitir que quien más llevó la carga de aquella situación fue su hija, mi madre.

Digamos que mi madre para mi opinión no es una madre como todas. Tiene sus cosas malas y sus cosas buenas, como todo hijo piensa de su madre. Sin embargo, mi madre es de las que desde siempre —por suerte o por desgracia — me ha dado la comodidad de no tener obligaciones en mi casa. Y ahora su misión era cuidar a su familia y a esa mujer que le dio la vida. Hay que admitir que para ella no tuvo que ser agradable ni fácil, y que habría momentos en los que no pudiera más. Quizá, por motivos cómo esto, a pesar, de que muchas veces me he quejado de ella al igual que ella de mí, pienso que mi madre siempre fue una mujer luchadora por y para los suyos. Siempre intenta hacer todo lo que quiere/necesita/piensa que es necesario hacer e intenta no quejarse...

La palabra Alzheimer es una palabra que es bastante dura. Se puede bromear sobre ello, y yo, de hecho, lo he hecho alguna vez, pero cuando llega un momento en el que te encuentras en esa situación, te gustaría que la frase que fueras a decir es: "Es broma". Y que todo fuera una simple broma, pero hay veces que no es así y tienes que vivir con ello. Es duro, muy duro. Ver como una persona crece hacia atrás y como alguien cambia en cuestión de días. Es duro. Pero si se quiere y se tiene ayuda, se puede llevar. Y, aunque hoy por hoy todo lo que luchamos ya acabó, creo que jamás podremos olvidar todos los momentos mágicos, únicos e inolvidables que esa mujer, la persona que más he querido en mi vida, mi abuela, nos dio cada segundo de su vida.


Buenas noches.

5 may. 2012

Tiempo, esperar, paciencia...

Sigo echándote de menos.

Que me despiertes haciéndome cosquillitas en la barriga, que me digas que soy una vaga porque te suplico con pucheros que recojas la mesa después de comer, que me mimes cuando pasamos por un kiosko y te pido algo de chocolate, que te rías cuando te aprieto los dedos, que me regañes cuando me pongo en plan vaga a tope, que me digas: "¿Quieres pan?" y yo te responda: "¿Cuándo he comido pan con la pasta?", que vayamos a comprar al Mercadona y te diga: "Venga, llévame a mi casa a ver si te acuerdas", que te enfades cuando por la noche no dejo que te marches a dormir, que me digas: "¿Un pro?" y yo te diga que no, que me mimes cuando me tropiezo por mi casa., que me ría de ti cuando te vas a cambiar de ropa, que me haga gracia como te secas los dedos de los pies, que me imites cuando me dan arcadas, que seas capaz de aguantar hasta que me duermo para que no llore, que madrugues para bajar a comprar algo para desayunar, que siempre estés pendiente de tus gafas de sol...

Tu cepillo de dientes, tu esponja en la ducha, el hueco de la nevera dónde ponías el agua, los zumos que te compraba para ti, tu sitio en el sillón, tu portátil sobre la mesa, tu ropa desperdigada por mi habitación, tus sábanas de piolín con el cojín debajo, mis cenizas en tu coche, mi música en tu coche...


Dicen que recordar es bueno, aunque eso a veces te haga ponerte triste y no querer parar de llorar. El momento en el que tus lágrimas ya no salen, es porque ya lloraste lo suficiente y ellas te lo indican, el problema es que no me siento capaz de hacerles caso y en el menor descuido me derrumbo. Nunca he odiado tanto las palabras: tiempo, esperar, paciencia...

Buscando aún algún consuelo que me evite esta sensación de soledad.

4 may. 2012

La vida sigue. Es cierto pero...

Esta mañana cuando íbamos hacia el coche a guardar la maleta, los bultos... Pasamos cerca de muchísimas personas, personas que podrían ir a trabajar, personas que volverían de trabajar, coches que aceleraban para no quedarse quietos en el semáforo...

Al parar en mi calle, terminamos de bajar bultos y llegó el momento.

—Un cigarro y te vas... —Es lo que dije y así fue.

Decir adiós, hasta luego, hasta el mes que viene. Un simple beso, un abrazo, un gesto. Ver que se monta en el coche y que arranca. Se para en el semáforo, me ve como corro hacia la esquina para verlo marchar y se esfuma. Entonces hago un breve recorrido hacia mi portal cruzándome con personas, personas que me miraban con curiosidad, personas que nos miraron mientras yo lloraba en su regazo, personas que descarada o disimuladamente intentaban averiguar el motivo de mi llanto.

Esas personas habrán continuado su vida tal y como tenían pensado, tal y como estaba prevista. Volverán a sus casas, a sus trabajos, como un día más. La vida sigue. Es cierto pero yo he perdido la guía.

3 may. 2012

Como un cigarrillo

Dos horas de sueño en el cuerpo. Un cigarrillo mal fumado. Lágrimas derramadas casi sin esfuerzo. Un último beso. Un último abrazo. Una última mirada. Un coche que se pierde tras pasar la esquina.

Y ahora volvemos a la cruda realidad que es la soledad. Vamos al momento en el cual introduces la llave en la cerradura y al abrir la puerta notas que falta algo, alguien. Entras en la habitación y no está la maleta, ni los tenis tirados por el suelo, ni ropa amontonada en una esquina, ni ropa tendida. Tampoco está el portátil encima de la mesa, ni su ratón. En la habitación no está su reloj despertador, ni tampoco su presencia.

Se ha ido. En un parpadeo, lo que tarda la luz en aparecer, en un segundo. Ya no está. Ya nadie me despertará por la mañana con bromas, ni me preguntará qué quiero para desayunar. Nadie me acompañará a comprar el pan o el tabaco. Ya no iré con nadie a jugar al billar, ni me acompañará a cualquier cosa. Nadie me ayudará a quitar la mesa ni a fregar. Ahora vuelvo a estar sola.

Me quedo sola. Sin ganas de ni fuerzas de seguir, porque muy poca gente entiende lo que es esto, piensan que hay cosas más importantes o que no es para tanto. Pero hay que vivirlo, hay que sentirlo. Tienes que estar en la piel de una persona que vive esto cada poco tiempo.

Solo me queda esperar otra vez a otro reencuentro con nervios, a otra cuenta atrás que me sirva para saber cuando te tengo de nuevo. Pero mientras tanto, me consumiré como un cigarrillo tirada en la acera.

2 may. 2012

Impotencia

Es un nudo en la garganta. Una respiración entre cortada. Lágrimas al borde del precipicio. Clinex por el suelo. Unos brazos que no te pueden consolar. Ojos que no cumplen su función de mantenerse abiertos y solo suplican por cerrarse y descansar meses y meses. Cuerpo tembloroso y entrecortado. Sentimientos oscuros. Soledad. Tristeza. Dependencia.

¿Sabes qué es el amor? Es lo contrario a todo lo anterior.
¿Sabes qué es el amor con distancia de por medio? Es lo contrario a todo lo anterior pero añadiendo todo lo anterior.
¿Sabes qué es la impotencia? Sentir amor con distancia de por medio y no poderla acortar.

Quisiera entender y no puedo

No entiendo muchas cosas de la vida. Intento comprender aspectos que cada día me hacen más difícil el camino de mi vida. Intento entender por qué la gente no quiere enamorarse, porqué piensan que tras una ruptura amorosa no se puede encontrar el amor en otra persona. Intento entender porqué hay personas que asesinan a su pareja, es normal y se puede discutir pero todos sabemos dónde está el límite y cuándo hay que parar.

Intento entender porqué hay personas que teniendo a su pareja a dos calles de distancia, o a una hora en coche se quejan de que no pueden verla. O, incluso, que pasen de quedar porque no les apetece.

Quizá soy demasiado posesiva, quizá soy egoísta. Pero si por mí fuera, iría con mi pareja a tirar la basura juntos si pudiera ser. Me cansa ver a parejas que pasan de verse, que discuten y que no aprovechan el momento juntos.

Desde ayer no me apetece vivir, simple y llanamente. Mi razón de ser se me esfuma y no tengo ganas de seguir. Tengo miedo a que llegue el día fatídico, tengo mucho miedo y el problema es que tú no vas a estar para abrazarme y para consolarme.

12 ene. 2012

¿Qué sientes tú?

Sentir que no tienes ojos, que no tienes control de tus actos. Sentir que no sabes lo que es la felicidad, que para ti solo existe la oscuridad y las lágrimas sin control. Sentir que la vida pasa porque tiene que pasar no porque a ti te apetezca que ocurra. Sentir que ya no dependes del todo de ti, que dependes de otra persona para vivir. Sentir que si esa persona falta tú estás muerta en vida. Sentir que el mundo carece de sentido si cuando miras a tu lado no está esa persona. Sentir que los paseos por las calles se convierten en paseos automáticos sin saludar a nadie ni prestar atención al tiempo que hace. Sentir que si respiras es porque tu cuerpo lo hace involuntariamente, no porque dependa de ti misma.

Sentir que eres lo mejor que tengo en mi vida, que eres todo, y que esto es por y para siempre. Sentir que el día que no me vuelva a separar de ti seré simple y llanamente feliz.

11 ene. 2012

Volviendo a la soledad

Suena el despertador y abro un ojo, lo veo a mi lado. Saca el brazo entre las sábanas y para el timbrazo del móvil y lo vuelve a dejar en la mesilla. Yo, sigo metida entre las sábanas cual gusano de seda y pienso que no quiero levantarme, que hace mucho frío para sacar ni si quiera un brazo en esta ciudad de Asturias, Avilés. Vuelvo a cerrar los ojos esperando que sea él quien me diga: "Gorda, hay que levantarse, no puedes tirarte todo el día ahí metida". Me abraza & siento su calor pegado a mi espalda, quisiera que ese momento fuera eterno, estar abrazado a él hasta morirme.

De repente pegan —pican— en la puerta: "Josín, hay que levantarse, tengo que ir a pagar Telecable, la luz —o lo que sea—. Él y yo nos miramos pensando: "Joder, con lo a gusto que se está aquí...". Él se levanta y sale de la habitación, yo sigo metida entre sábanas y edredones: "De aquí no me saca ni Dios". Vuelve a entrar en la habitación: "¿Café? ¿Todavía ahí? Anda y levanta ya...". Se oye una voz debajo de la sábanas: "Es que tengo frío". Al final, tras mucho insistir me levanto, pelos de loca, la bata de mi niño y hacia el salón. Allí está mi suegra pegada al portátil jugando al bingo: "El 5, el 36...". "¿Qué? ¿Has ganado mucho?" Pregunto mientras me siento en el sofá semi sobada. "Que va, fía... Nun gané nada" Dice ella mientras se enciende un pito.

A los dos segundos él aparece con los cafés, los deja en la mesa y pone la tele. Hace zapping durante unos minutos hasta que me mira y dice: "Pon lo que tú quieras". Decido poner los canales que suelo ver y mientras me tomo el café un cigarrillo entre pecho y espalda. Pasan los minutos y mi suegra apaga el ordenador. "¡Uy! ¿Aún estáis así? Que hay que ir a —poned vosotros el lugar —". Él y yo nos miramos y me voy hacia la habitación, me pongo lo primero que pillo: unos vaqueros, una camiseta y una sudadera. Luego me siento en el escritorio y decido cómo pintarme esa mañana, hay prisa, no puedo explayarme. En eso, aparece él para vestirse no sin antes hacer caso de sus manías y me río mirándolo. El sonido del secador nos hace saber que mi suegra se está peinando y que no le queda nada para que nos empiece a meter prisa. Nosotros hacemos un spring y al instante estamos en la puerta esperando.

Luego el día pasa, vamos a pagar, a tomar un café, compramos... Dejamos a mi suegra donde curra. Hacemos pasta para comer, una WII, un pro, cualquier cosa que nos distraiga y un toque al móvil: "Josín, venid a recogerme y aparcad, que vamos a ir a tomar algo". Quedamos a una hora con ella & nos arreglamos para ir. Acabamos yendo al bar enfrente de los ALSAS —vamos, la estación.— & allí nos dan las tantas bebiendo, comiendo & sobre todo, riéndonos en compañía.

Llegamos a casa pasadas las 22:00 y allí está mi suegrastro, el novio de mi suegra, al que todos conoceremos por "Ratón". Preparamos la cena y comemos en silencio viendo la tele, después o nos quedamos viendo alguna serie o película —corriendo el riesgo de que mi churri se sobe— o nos vamos a la habitación a jugar al pro. Tras partidos ganados y/o perdidos decidimos que es hora de ir a dormir, pues, otro día muy similar al de hoy tendrá lugar en varias horas.


Y así pasaban los días. Los días eran así, algunos días cambiábamos el estar en casa por salir a dar una vuelta, cambiábamos el estar en un bar por ir a comprar, pero eran similares. ¿Sabes lo que pasa? Que a mi me daba igual que fuera similares si cuando mirara a mi mano, quien iba agarrada de ella eras tú. Ahora volvemos a la soledad, al ir solos a hacer lo que tengamos que hacer, a que nadie nos va a esperar por la mañana para prepararnos el desayuno o para darnos un simple beso. Ahora hay que aprender a vivir solos, a vivir sin el otro. Saber que cuando haga pasta solo es para uno, saber que cuando me duche no tengo que pensar que hay otra persona para ducharse, que cuando quiera ver la tele no tengo a nadie para apoyarme o para comentar...

Voy a echar tanto de menos, tanto aquí como allí. Por todo lo que vivimos en tu casa y en la mía, por todos los momentos que pasamos, por todas las risas y por todos los piques que tuvimos. Cada día que pasa noto y siento que te quiero mucho más, que las despedidas se hacen más duras y que la vida empieza a no tener sentido si no estás a mi lado. Puede sonar egoísta, pero la verdad es que me da igual. Mi vida entera depende de ti, y no quiero hacer nada si no estás a mi lado. Queda muy poco pero que muy poco para que por fin, no dependamos tanto de un avión o un autobús y entonces seremos completamente felices.

Gracias por este mes que me has dado, y por todo lo que nos queda por vivir. 
Te amo hoy y siempre.

Cristina.