11 ene. 2012

Volviendo a la soledad

Suena el despertador y abro un ojo, lo veo a mi lado. Saca el brazo entre las sábanas y para el timbrazo del móvil y lo vuelve a dejar en la mesilla. Yo, sigo metida entre las sábanas cual gusano de seda y pienso que no quiero levantarme, que hace mucho frío para sacar ni si quiera un brazo en esta ciudad de Asturias, Avilés. Vuelvo a cerrar los ojos esperando que sea él quien me diga: "Gorda, hay que levantarse, no puedes tirarte todo el día ahí metida". Me abraza & siento su calor pegado a mi espalda, quisiera que ese momento fuera eterno, estar abrazado a él hasta morirme.

De repente pegan —pican— en la puerta: "Josín, hay que levantarse, tengo que ir a pagar Telecable, la luz —o lo que sea—. Él y yo nos miramos pensando: "Joder, con lo a gusto que se está aquí...". Él se levanta y sale de la habitación, yo sigo metida entre sábanas y edredones: "De aquí no me saca ni Dios". Vuelve a entrar en la habitación: "¿Café? ¿Todavía ahí? Anda y levanta ya...". Se oye una voz debajo de la sábanas: "Es que tengo frío". Al final, tras mucho insistir me levanto, pelos de loca, la bata de mi niño y hacia el salón. Allí está mi suegra pegada al portátil jugando al bingo: "El 5, el 36...". "¿Qué? ¿Has ganado mucho?" Pregunto mientras me siento en el sofá semi sobada. "Que va, fía... Nun gané nada" Dice ella mientras se enciende un pito.

A los dos segundos él aparece con los cafés, los deja en la mesa y pone la tele. Hace zapping durante unos minutos hasta que me mira y dice: "Pon lo que tú quieras". Decido poner los canales que suelo ver y mientras me tomo el café un cigarrillo entre pecho y espalda. Pasan los minutos y mi suegra apaga el ordenador. "¡Uy! ¿Aún estáis así? Que hay que ir a —poned vosotros el lugar —". Él y yo nos miramos y me voy hacia la habitación, me pongo lo primero que pillo: unos vaqueros, una camiseta y una sudadera. Luego me siento en el escritorio y decido cómo pintarme esa mañana, hay prisa, no puedo explayarme. En eso, aparece él para vestirse no sin antes hacer caso de sus manías y me río mirándolo. El sonido del secador nos hace saber que mi suegra se está peinando y que no le queda nada para que nos empiece a meter prisa. Nosotros hacemos un spring y al instante estamos en la puerta esperando.

Luego el día pasa, vamos a pagar, a tomar un café, compramos... Dejamos a mi suegra donde curra. Hacemos pasta para comer, una WII, un pro, cualquier cosa que nos distraiga y un toque al móvil: "Josín, venid a recogerme y aparcad, que vamos a ir a tomar algo". Quedamos a una hora con ella & nos arreglamos para ir. Acabamos yendo al bar enfrente de los ALSAS —vamos, la estación.— & allí nos dan las tantas bebiendo, comiendo & sobre todo, riéndonos en compañía.

Llegamos a casa pasadas las 22:00 y allí está mi suegrastro, el novio de mi suegra, al que todos conoceremos por "Ratón". Preparamos la cena y comemos en silencio viendo la tele, después o nos quedamos viendo alguna serie o película —corriendo el riesgo de que mi churri se sobe— o nos vamos a la habitación a jugar al pro. Tras partidos ganados y/o perdidos decidimos que es hora de ir a dormir, pues, otro día muy similar al de hoy tendrá lugar en varias horas.


Y así pasaban los días. Los días eran así, algunos días cambiábamos el estar en casa por salir a dar una vuelta, cambiábamos el estar en un bar por ir a comprar, pero eran similares. ¿Sabes lo que pasa? Que a mi me daba igual que fuera similares si cuando mirara a mi mano, quien iba agarrada de ella eras tú. Ahora volvemos a la soledad, al ir solos a hacer lo que tengamos que hacer, a que nadie nos va a esperar por la mañana para prepararnos el desayuno o para darnos un simple beso. Ahora hay que aprender a vivir solos, a vivir sin el otro. Saber que cuando haga pasta solo es para uno, saber que cuando me duche no tengo que pensar que hay otra persona para ducharse, que cuando quiera ver la tele no tengo a nadie para apoyarme o para comentar...

Voy a echar tanto de menos, tanto aquí como allí. Por todo lo que vivimos en tu casa y en la mía, por todos los momentos que pasamos, por todas las risas y por todos los piques que tuvimos. Cada día que pasa noto y siento que te quiero mucho más, que las despedidas se hacen más duras y que la vida empieza a no tener sentido si no estás a mi lado. Puede sonar egoísta, pero la verdad es que me da igual. Mi vida entera depende de ti, y no quiero hacer nada si no estás a mi lado. Queda muy poco pero que muy poco para que por fin, no dependamos tanto de un avión o un autobús y entonces seremos completamente felices.

Gracias por este mes que me has dado, y por todo lo que nos queda por vivir. 
Te amo hoy y siempre.

Cristina.

2 comentarios:

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  2. Qué mona ella!!! Pensé que iba a ser mucho mas triste.... Pero bueno, es lo que nos queda hasta el verano... jodernos y aguantarnos... y tirar palante, y ya está. Llevamos casi 2 años... lo que no podamos superar nosotros.. xdd

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