27 may. 2012

Generación maternal

Crecer hacia atrás, ¿cómo es posible?

Ella era una mujer con iniciativa, con ganas de hacer cosas, no le gustaba estar quieta. Ella siempre anteponía lo que necesitaran los demás a lo que ella quisiera, siempre pensó que ella era feliz si la gente importante para ella también lo era. Ella siempre sonreía, siempre tenía una sonrisa de oreja a oreja difícil de borrar, muy difícil. Ella siempre defendía a los pequeños, a los suyos, e intentaba quitarle importancia a pequeñas disputas. Ella siempre estaba dispuesta a ayudar cuando alguien necesitaba algo. Ella siempre era bien recibida en cualquier lugar, allá dónde iba dejaba huella y nadie podía tener queja alguna. Ella siempre fue independiente, jamás necesitó de nadie para vivir.

Pero está claro que el destino nunca viene a favor de las personas que realmente merecen un final feliz y especial. Estaba escrito en algún lado que la mujer que siempre lo ha dado todo por y para los demás el día de mañana iba a necesitar a alguien que lo diera todo por y para ella, es decir, el destino quiso que ella se convirtiera en alguien totalmente dependiente de los demás.

Era duro. Era duro ver que ella ya no sonreía simplemente por placer y por gusto. Que ya no salía de ella sus iniciativas, incluso cuando las tenía había que intentar cambiarle de idea sin ser groseros. Ella ya no era la que siempre fue, la mujer risueña y feliz, la mujer que sonreía sin motivo alguno. La mujer que pensaba en los demás antes que en ella, pues, ahora simplemente no sabía pensar o eso al menos pienso yo.

Ella siempre fue algo más que lo que ha sido para mí. Fue la mayor persona que pude conocer, fue una persona que me cuidó desde pequeñita, desde que nací, que siempre estuvo ahí cuando me dieron rabietas de niña pequeña y a quien le contaba las peleas con mi hermano.

Y, cuando, de repente, miras a tu alrededor y ves que todo ha cambiado, el mundo poco a poco empieza a caer encima de ti. Al principio eran momentáneos esos cambios, que simplemente los calificábamos como lapsus, pero conforme iba pasando el tiempo todo empeoró. Ya no eran lapsus, ni situaciones puntuales, ahora todo estaba siendo algo habitual y diario.

En este momento es cuando empieza esa dependencia. Dependencia en la que esa mujer necesita de otras personas para vivir, simple y llanamente, para vivir. Es como si de repente esa mujer estuviera creciendo hacia atrás. Todo lo que un niño pequeño no sabe hacer, esa mujer tampoco sabía, comenzó a olvidar. A olvidar cómo se vivía, a olvidar cómo ser feliz, a olvidar qué era tener una sonrisa en la boca.

Y, sin embargo, ella vivía al margen de todo. Ella seguía viviendo, con sus achaques pero seguía levantándose cada día sin pensar lo que realmente estaba ocurriendo. Desde que comenzó aquello todo cambió en mi familia. Todos vivíamos por y para ella, aunque hay que admitir que quien más llevó la carga de aquella situación fue su hija, mi madre.

Digamos que mi madre para mi opinión no es una madre como todas. Tiene sus cosas malas y sus cosas buenas, como todo hijo piensa de su madre. Sin embargo, mi madre es de las que desde siempre —por suerte o por desgracia — me ha dado la comodidad de no tener obligaciones en mi casa. Y ahora su misión era cuidar a su familia y a esa mujer que le dio la vida. Hay que admitir que para ella no tuvo que ser agradable ni fácil, y que habría momentos en los que no pudiera más. Quizá, por motivos cómo esto, a pesar, de que muchas veces me he quejado de ella al igual que ella de mí, pienso que mi madre siempre fue una mujer luchadora por y para los suyos. Siempre intenta hacer todo lo que quiere/necesita/piensa que es necesario hacer e intenta no quejarse...

La palabra Alzheimer es una palabra que es bastante dura. Se puede bromear sobre ello, y yo, de hecho, lo he hecho alguna vez, pero cuando llega un momento en el que te encuentras en esa situación, te gustaría que la frase que fueras a decir es: "Es broma". Y que todo fuera una simple broma, pero hay veces que no es así y tienes que vivir con ello. Es duro, muy duro. Ver como una persona crece hacia atrás y como alguien cambia en cuestión de días. Es duro. Pero si se quiere y se tiene ayuda, se puede llevar. Y, aunque hoy por hoy todo lo que luchamos ya acabó, creo que jamás podremos olvidar todos los momentos mágicos, únicos e inolvidables que esa mujer, la persona que más he querido en mi vida, mi abuela, nos dio cada segundo de su vida.


Buenas noches.

1 comentario:

  1. Ya te dije en mas de una ocasión lo duro que imagino que puede ser eso... yo no se muy bien como lo llevaría... la verdad... Pero imagino que muy jodido... Me moriría de pena de estar siempre a su lado y que no sepa quien soy... que haga cosas absurdas, porque se que al final me enfadaría... y me jodería, porque como tu dices es "crecer hacia atrás" e igual que ella estaba cuando tu de pequeña te equivocabas y hacías tonterías, ella lo tenía que hacer por su enfermedad... ya que yo lo asimilo a que esta volviendo a "crecer" y a aprender cosas... Es difícil y duro... Pero hay que pensar que se luchó hasta el final, y que se seguiría luchando para siempre por es persona. Persona a la cual me hubiera encantado conocer... Aparte de lo que duele eso, se lo que duele perder una abuela... yo quería a mi abuela como pocos nietos quieren a la suya... crecí con ella, pasé mucho con ella... y la hecho mucho de menos... pero ... imagino que así es el ciclo de la mierda de vida que nos toca vivir...

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