1 dic. 2015

Vamos a leer: Entrada especial

**Entrada ESPECIAL**


¡¡Holaaa!! Como pongo por aquí arriba ↑↑↑ hoy es una entrada especial. Lo que quiero decir es que hoy martes toca "Vamos a leer" (si acabas de llegar y no sabes lo qué es, pincha ahí donde la frase ← ) pero como el jueves pasado no subí entrada (perdonadme pero pensaba que la tenía preparada y no fue así ^^') pues he pensado hoy dejaros algo "especial". Y sí, a lo mejor no lo es para vosotros pero para mí sí, os voy a enseñar algo que poca gente ha leído, solo los afortunados de tener un ejemplar... ¿Sabéis por dónde voy?

Para quienes lo hayáis acertado os regalo una piruleta virtual ♥ para los que no, no os preocupéis, enseguida os vais a enterar... *Tambores* ¡Os voy a dejar el primer capítulo de mi novela Simplemente quiero ser feliz! Sé que muchos no lo tenéis o no podéis conseguirlo, así que os enseño un adelanto y os muestro el primer capítulo. ¿Y si os pongo los dientes largos? ^^

¡¡Disfrutadlo!!

Se sentía nerviosa y feliz. Regresaba a casa. Tras casi un año fuera de ella con visitas cada cierto tiempo, volvía a su mundo, a su vida. Dejaba atrás ese año en el que lloró más de lo que ella podía imaginarse. Aquel día cuando recibió la noticia de que le daban una beca derramó muchas lágrimas de alegría pero cambiaron a tristeza cuando supo que tenía que hacerlas lejos de su pareja. 
Catalina había terminado periodismo con buenísimas notas pero fue tarde cuando decidió echar la solicitud para la beca, de ahí que la mandaran a Madrid durante un año, exactamente 10 meses con sus vacaciones, aunque ella pensaba que eso sería estupendo para su currículum y el poder trabajar de lo que ella siempre había querido, en la radio. 
Aquella beca consistía en estar en una radio de un barrio pequeño de Madrid, ella llevaba la sección deportiva junto a varios compañeros y al final, al acabar la beca, nadie quería que se marchara pero tampoco le ofrecían un trabajo estable, así que fue el momento de volver a Granada.
La despedida con sus compañeros fue emotiva, había hecho buenas relaciones con ellos y se habían intercambiado los números de teléfono, los correos… Tenían que seguir teniendo contacto, en un año esa fue la única "familia" que tuvo y consiguió tenerles demasiado aprecio. 
Catalina se sentía melancólica al recordar su año allí, había sido duro pero jamás estuvo sola y ahora volvía a su vida. Lo que más le unía a Granada era Víctor, su actual pareja, y solo pensar que lo iba a ver y no se iban a separar jamás hacía que ella sonriera sin parar como una tonta. 
Ya empezaba a moverse la cinta donde estaban las maletas y ella deseaba coger las suyas, llamar a un taxi y estar en casa lo más pronto posible. Era una sorpresa. Víctor, su pareja, no sabía nada. Y ella se moría de los nervios al pensar en la cara que pondría cuando la viera llegar. Además de fundirse en un gran abrazo con él, no habría más distancias nunca más. 
 Indicó la dirección al taxista y en cuestión de media hora había llegado a su destino. Era un pequeño apartamento en una zona céntrica de Granada, ella siempre fue alma libre y cuando quiso empezar una carrera se marchó a estudiar a Granada, allí lo conoció, al inicio de la carrera aunque él hacía otra: Historia. Y de ahí surgió lo que ella llamaba amor. 
Catalina no fue chica de enamorarse, siempre era de ir cambiando de chico porque no creía en el amor, pero conocer a Víctor fue un cambio radical en su vida. Con 20 años ya se había ido a vivir con él, y al paso de un par de años por fin pudieron vivir los dos solos alquilando un piso, para entonces Víctor era profesor de un instituto y Catalina conseguía algún dinero trabajando por las tardes. Y entonces convirtieron su vida en un cuento, o así era al menos, como lo llamaba ella. 
Abrió la puerta despacio para no hacer demasiado ruido y no asustarlo. Entró directamente al despacho, donde siempre estaba Víctor corrigiendo sus exámenes o viendo partidos de fútbol mientras Catalina estudiaba o hacía ensayos por su cuenta. Pero Víctor no estaba allí. De hecho, no estaba en ningún lugar de la casa, al ser por la noche las luces tendrían que estar encendidas pero no había rastro. 
Dejó las maletas allí y fue hacia su habitación y se encontró una maleta semicerrada en un rincón de la habitación. Se acercó para abrirla pero en ese momento se escuchó como la puerta de la casa se cerraba de un portazo, ella se giró y rápidamente sin hacer ruido salió hacia el sonido. 
 —Bueno, ahora ponemos esto a descongelar y nos damos un baño, ¿vale? —la voz de Víctor resonó por  toda la casa silenciosa. 
—Claro… Además, mañana tengo que madrugar, así que no puedo acostarme muy tarde, cariño… 
Una voz femenina respondía lo que decía Víctor. Catalina se llevó las manos a la boca para intentar sofocar un grito que podía salir instantes después, y seguidamente aguantó un poco la respiración para tranquilizarse. Con la cabeza alta se asomó a la cocina. 
 —¿Molesto? 
Esa voz hizo a Víctor girarse más rápido que la velocidad de la luz y la chica, la cual Catalina examinó con lupa, la miró con los ojos desorbitados. No sabía dónde meterse. 
—Cata… ¿qué haces aquí? ¿Tú no venías el mes que viene? —fue lo único que se le ocurrió, aunque estaba claro que no iba a salir de esa situación bien parado. 
Catalina sonrió con una sonrisa demasiado irónica y miró hacia Víctor, luego hacia la chica y seguidamente se dio la vuelta en dirección a sus maletas. 
  —¡Cata! ¡Cata! ¡Catalina! —Víctor corrió tras ella, pero esta intentaba esquivarlo—. Por favor, escúchame… 
  —¡No me toques! —vociferó Catalina deshaciéndose de él—. ¡Déjame en paz! —sus ojos empezaban a encontrar líquido para formar lágrimas—. No… quiero volver a verte en la vida, Víctor. 
 El joven se separó de ella mientras la seguía con la mirada. Su compañera, se acercó a él y le colocó la mano en la cintura para consolarlo pero él se deshizo rápidamente de ella. La chica se quedó algo sorprendido con su reacción y volvió a la cocina. Víctor la siguió. 
—Lo siento… Lo siento… Ya sabías que este día tenía que llegar y… 
 —¿Me estás dejando? —la chica no rondaba más de 20 años pero se había enamorado perdidamente de Víctor. 
—No, claro que no… Yo… 
 Catalina apareció por la cocina con sus maletas y su chaqueta. Miró como Víctor cogía a la chica por la cintura y un nudo empezó a formarse en el estómago. Cogió las llaves de la casa y abrió la puerta. Víctor volvió a seguirla. 
—Por favor, escúchame… Ahora no ves las cosas con claridad, Cata… Si habláramos, lo entenderías y… 
Catalina se frenó en seco y se giró, mientras esperaba a que llegara el ascensor—. ¿Qué te entienda? ¿Qué quieres que entienda, Víctor? ¿Quieres que entienda que llevo 10 meses sin verte más que una vez cada dos ó tres meses y que el día que termino la beca y vengo para estar con mi pareja me encuentro que en este año ha estado con otra tía? ¿Eso es lo que tengo que entender? 
—Cata… no… no es así, las cosas no son así… Yo… déjame explicarlo. 
Catalina empezaba a derramar lágrimas por sus ojos porque se sentía humillada, decepcionada y como una tonta. Todo este año había estado deseando que llegara el día de volver a estar con él y mientras ella esperaba, su novio estaba con otra en su casa. 
—Víctor… no… no hay nada que hablar… ni aclarar—. El ascensor llegó y ella abrió la puerta—. Ya volveré a por mis cosas o mandaré a alguien… 
Se metió en el ascensor con las maletas y comenzó a llorar desconsoladamente. 
¿Y ahora qué? Catalina estaba sola. Cuando llegó a Granada hacía como 8 años hizo un buen grupo de amigos pero con el tiempo se había deshecho, cada uno había decidido hacer su vida. Es decir, que ya no formaban parte casi de su vida. Sus padres vivían en Córdoba y además, no estaban, se habían ido de viaje con unos amigos. 
Catalina empezó a andar sin rumbo casi entrando la madrugada hasta que se sentó en un escalón y siguió llorando. Se ocultó el rostro entre las manos mientras sollozaba sin parar, tenía pequeñas convulsiones provocadas por la falta de respiración al tener tantas ganas de llorar. Su vida acababa de irse a un lugar que mejor no nombrar. Tenían decidido casarse, tener hijos, los nombres… Todo. Y ahora ya no había nada. Todo había terminado. 
Quizá estuvo como dos horas sentada allí sola sin saber a dónde ir hasta que de repente un nombre le vino a la mente: Lorenzo. A ese chico lo conoció porque fue novio de una de sus mejores amigas cuando llegó a Granada y luego se unió al grupo, pero hacía algún tiempo que no sabía de él. Estaba segura de que él la ayudaría, siempre lo hizo, a pesar de romper con su novia, ellos tuvieron una relación bastante buena de amistad, pero no tenía su número de móvil. 
De repente sacó su móvil y marcó el número de los taxis, pidió uno y mientras esperaba a que llegara apagó el móvil y lo guardó en el bolso. Esa noche no quería tener más contacto con Víctor.  
Al llegar el taxi, él conductor la ayudó a meter las maletas en el coche y seguidamente se pusieron rumbo al destino. No sabía con exactitud la dirección pero sí la zona. 
—¿Se encuentra bien? —parecía amable, tenía los rasgos propios de un hombre de adentrada edad y de haber vivido situaciones muy similares a las de Catalina. Seguramente hubiera sido bueno para ella el haber podido sacar todo lo que llevaba dentro pero en ese momento no tenía fuerzas y mucho menos explicar su vida a un desconocido de apariencia amigable. 
Catalina intentó dejar de llorar por un segundo para contestarle, pues, se ahogaba en sus propias lágrimas y era imposible pronunciar palabra alguna. 
—Sí… sí… No se preocupe… —fue lo único que dijo y el taxista no quiso insistir más. 
Al llegar al destino, la muchacha le pagó y comenzó a andar por la zona, buscando el portal que recordaba, quizá ya no vivía allí… Quizá se había mudado pero tenía que intentarlo. 
Iba divagando mirando por calles y calles, el tiempo pasaba, era muy oscuro todo, ni siquiera ella había pensado en la hora que era y quizá estuviera durmiendo pero en ese momento, solo quería a alguien que pudiera calmarla, aunque fuera dándole un grito por la hora pero alguien que la acogiera por esa noche. Conociéndola, era capaz de pasar la noche en la calle con tal de no volver a ver a Víctor. 
Encontró un portal similar al de sus recuerdos pero no recordaba bien que número era la casa del muchacho, solo sabía que era un trece pero no era hora para ir averiguando. Tuvo la suerte, quizá esa noche fue la única suerte que encontró, de que una muchacha salió del portal al rato de llegar Catalina y ella entró rápidamente. 
Subió al ascensor y se miró en el espejo. Tenía un aspecto demacrado, estropeado, roto… Pero esas huellas que había dejado físicas Víctor en ella no eran nada en comparación por cómo se encontraba por dentro. Tenía la sensación de ser un vaso de fino cristal que se había hecho añicos, que se había roto en pedazos minúsculos imposibles de reparar ni con el mejor pegamento del mundo. Víctor había hecho en ella lo que nadie había hecho jamás, enamorarla.

¡¡Espero de corazón que os haya gustado!! Y sobre todo, que si en algún momento queréis conseguirlo, podéis contactar conmigo o buscarlo simplemente en las webs que pongo en el blog o en vuestra librería más cercana.

Y con esto os aclaro que el jueves no habrá entrada de texto, volveremos a hablar de algún libro en particular y ya la semana que viene retomaremos los horarios que tuvimos estas semana atrás.

¡¡Nos vemos!!


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2 comentarios:

  1. Hola!! Como estas?
    Te pasaba a avisar que te han nominado para un premio en mi blog! te dejo el link para que pases a ver http://juliettereads.blogspot.com.ar/search/label/one%20lovely%20blog%20award

    Saludos! :)

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    1. Perdóname, he estado en otros asuntos y no he estado pendiente del blog. Muchas gracias por la nominación, con algo de retraso. Te prometo que lo responderé encantada, gracias de nuevo.

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